CAT POWER, ERES UNA RUTINA

Abro los ojos,
me duele la cabeza,
me levanto,
y me baño.

Voy al trabajo,
qué lento pasan las horas!
ansío ir universidad,
se acaba mi turno de jornada.

Me quedo dormido en el carro,
despierto y noto que me he pasado tres cuadras,
llego a mi aula de clase,
me vuelvo a quedar dormido.

LLego a casa,
entro a la cama,
está fría y vacía,
me quedo dormido.

Así es la vida alejado de ti, rutinaria y sin emoción. No voy a decirte que extraño estar contigo, creo que está sobreentendido; además, no me gusta hablar del amor, no me gustan las curcilerías. Sabes que cuando estamos los dos, soy el hombre más cariñoso del mundo; sin embargo, al momento de escribir, me gusta ser frío y aparentar cosas que no soy. También sabes que tengo problemas con la identidad, así que siempre estaré en búsqueda de quién soy y cómo quiero ser reconocido. Tenme paciencia, ¿si?
Cat Power dice que sin el hombre no hay vida, yo creo que sí, pero es recontra aburrida. ¿No lo crees tú?

Escrito por Wayna Ankalli.

END - START

Acabo de colgarte.
Acabo de decirte que no quiero ser tu juguete sexual más.
Acabo de tener miedo a contarte que tengo novio.
Acabo de decir no al adulterio, pues eso cometía contigo.
Acabo de rechazar que tus labios recorran mi cuerpo.
Acabo de negar el ingreso de tu pene a mi ano.
Acabo de cerrar mis labios para no decirte que se lo pidas a tu novio.
Acabo de de refusarme a hacerte una mamada.
Acabo de confirmar que no quiero tu leche en mi boca.
Acabo de responderte que estoy seguro de lo que estoy haciendo.
Acabo de confesarte que cuando estoy contigo, recuerdo muchas cosas que me hacían feliz y que cuando te tengo a mi lado, no quiero dejarte.
Acabo de pensar que tal vez debería haberte dicho que me llames cuando estés soltero, cuando quieras algo serio conmigo y cuando estés dispuesto a perdonar mis infidelidades.

Sí, acabo de hacer todo eso y ...

Tú: Acabas de notar que no soy el mismo de antes.

Yo: Acabo de comenzar una vida sincera conmigo mismo.

Escrito por Wayna Ankalli.

LA JOSE

Eran las cuatro de la mañana de un lunes, primer día de semana, y La Jose se levantó a empezar su jornada. Se lavó la cara con agua que tenía en una tina, sintiendo el agua fría por el clima, usó el jabón de ropa para lavarse la cara y una vez enjuagada, cogió un polo sucio con el cual se secó. Se vistió y peinó, porque pensó que mujer que andaba desarreglada, no era mujer. Se dirigió a su pequeña cocina donde estaban las ollas que contenían la comida sobrante del día anterior, sirvió un plato de comida y lo alistó para llevarlo en su bolsa negra. Lista para salir, se persignó frente a la imagen del patrón de su pueblo: San Santiago.

-Buenos días, Lucho. Sepárame mercadería, ¿ya? –le dice al hombre que lleva mercadería de la sierra a la capital-. Lo pesas, pues, y luego me das el quilaje para sacar cuentas. Me lo envías, yo ya pago la carreta.

-Ya, pero adelántame algo, pues, para separártela.

-Toma, te voy dando doscientos soles; luego arreglamos el resto.

-Ya, listo.

Eran las cinco de la mañana y caminó hacia la esquina donde siempre se ubicaba; se podría decir que ya se había ganado ese pequeño espacio en el mercado y los demás comerciantes sabían que en esa pequeña esquina vendía La Jose.

-¡Compre caserita, lleva Mami!- gritaba La Jose en su intento de vender sus productos. –¡Bonita verdurita, mami, a un sol veinte nomás! –volvía a gritar a una señora que pasaba frente a ella.-¿Qué estás buscando, Reina? ¡Pregunta nomás, Casera!

Así empezó el día. Aproximadamente a las ocho de la mañana, sacó el taper que se encontraba en su bolsa negra. Hasta el momento, había vendido menos de la mitad de la mercadería que el Lucho le había dejado. A veces, se peleaba con los cargadores porque pisaban su mercadería; otras veces, porque le molestaban. Tal es así que un día que estaba buscando zapallo loche para un cliente, uno de los carretero le gritó “SAO” y La Jose volteó para decirle que a una mujer se le trata con respeto, que ni con el pétalo de una rosa se le debe tratar de lastimar.

-Tú no eres mujer, maricón de mierda.

-Sí, soy mujer y además soy más hombre que tú.

-Váyate, chivato, que ahorita te agarro a puñetes para que te reformes, carajo.

-Ojalá tu hijo no sea gay, pobre de él, pues tener a un padre como tú, debe ser un horror.

Y entonces comenzó el espectáculo, todos los comerciantes y el público en general vieron cómo La Jose era golpeada por el carretero y sus amigos, que mostraban su homofobia con la pobre. Todos la vieron y nadie hizo nada al respecto, ni la ayudaron a levantarse. Al ponerse de pie, se limpió la sangre que tenía acumulada debajo del labio y escupió la sangre que guardaba en la boca, se dirigió a su pequeña esquina del mercado. Al llegar, vio que la mercadería que había el Lucho le había dejado había sido pisoteada y maltratada, a tal punto que ya ni iba a poder venderla. Triste, con lágrimas en los ojos, decidió regresar a su casa porque el cuerpo lo tenía adolorido.

Mientras estaba sentada en el microbús de costumbre, pensaba si alguna vez existiría algún espacio para las personas distintas, para aquellos que no son como el estereotipo que la sociedad impone. Le dolía el labio, lo tenía todo hinchado. Alguna vez escuché que Lima era distinta, que acá la gente daba la mano al que la necesitaba, hoy me doy cuenta que no es más que un vil engaño. La gente nos critica, dicen que quieren que nos incluyamos; sin embargo, cuando quieres obtener un trabajo decente, te cierran las puertas. ¿Cómo no quieren que me prostituya si no consigo trabajo? Mi madre depende de mí, su chacrita no le alcanza para todos sus gastos. Llegando a la casa, tendré que arreglarme para pagarle al Lucho.

Al llegar a casa, La Jose no sabía qué hacer ni cómo pagarle al Lucho, estaba un poco alterada y adolorida, pues tenía el labio hinchado. Se levantó, se acercó al espejo y se miró, perpleja durante cinco minutos pensaba en que el mal momento en el mercado no habría ocurrido si hubiese nacido físicamente mujer, pues ahí todos la habrían defendido. Tocó su mejilla y la sintió como una lija, pues tenía que afeitarse todos los días (no podía pagarse la cirugía que evitaba el crecimiento de la barba); rozó su mano por sus piernas y pudo sentir la velludez de su cuerpo, se cogió los pechos y notó que había un bulto inexistente en sí misma; prosiguió con su sexo, había un paquete innecesario entre sus piernas; finalmente, tocó su grueso y trinchudo cabello y notó que solo trataba de parecerse a lo que más anhelaba: una mujer. Al ver todos sus intentos fallidos, cogió una tijera y empezó a jalar un mechón de cabello con la mano y a cortarlos con la otra. Lágrimas caían de sus ojos, sentía que un dolor indefinible era producido por las tijeras, pero nada parecía que pudiera detener las tijeras.

Cuando La Jose recobró la conciencia, los largos mechones de cabello con iluminación que adornaban su cabeza habían desaparecido, solo quedaban cabellos disparejos en su color original: negro. En ese momento, se dirigió a la Iglesia del Divino Maestro, pues era la más cercana, y en la puerta fue intervenida, informándole que las personas como ella eran indeseables en la casa de dios. Sin ánimos de discutir y más golpeada que nunca, volvió a su cuarto. Sentada al borde de su cama con la mirada fija en el piso, se dio cuenta que la vida no era como uno la esperaba, que las cosas ocurren inesperadamente y que es necesario estar listo para ellas, pues, de caso contrario, tendríamos que renunciar cada vez que nos lo proponemos.

Entonces, juntó lo que le quedaba de cosas y se fue a Yerbateros (el terminal terrestre de buses) donde pagó diez soles para regresar a su tierra: Jauja-Huertas. Cuando se encontraba a la altura de La Oroya, pensó que “hace tres años había hecho el mismo trayecto, pero al revés, de Jauja a Lima, en ese entonces, iba en búsqueda de un mejor porvenir para mí misma; ahora, vuelvo asustada por la desastroza experiencia que me ha dado Lima”.

Hoy en día se le puede encontrar en La Plaza de Armas de Jauja, vende gelatina de pata y, a veces, ayuda a su madre en la chacra sembrando maíz y papa. Hace dos años conoció el amor, su nombre era Jerónimo, lo conoció en la fiesta de La Tunantada. Su encuentro fue muy casual. La Jose se encontraba vendiendo pan con chancho, cuando Jerónimo se acercó a comprar uno y le dijo que era una muy buena orquesta la que estaba tocando como para desperdiciarla vendiendo comida, la jaló de la mano y la hizo bailar. Tres minutos después empezó a llover y la orquesta tocaba más fuerte, los niños encendían cohetes pirotécnicos y las luces amarillas de los postes le daban un tono particular a la noche. Al acabar la canción, La Jose agradeció el gesto de su cliente y luego se retiró. Al acabar la fiesta, La Jose cargaba su canasta de pan cuando escuchó los pasos de alguien que corría salpicando el agua de la lluvia que había formado charcos en el barro; era Jerónimo que había ido tras de ella. Él le dijo que quería seguir conociéndola y que le permita ir a visitarla, La Jose aceptó y así fue como empezó esa relación.

Jerónimo siempre supo que La Jose era hombre, nunca hablaron de ese tema, pero siempre le decía que el amor venía de distintas maneras. La Jose también sabía que el amor no era perfecto, pues Jerónimo era casado, tenía dos hijos, pero ella estaba segura de que el corazón de Jerónimo le pertenecía a ella, por más que los documentos dijeran otra lo contrario…


Dedicado a Noélia López, por haberme obligado a terminar el cuento.


Escrito por Wayna Ankalli.

EL CHIVO Y YO

Son las cinco de la mañana y suena la trompeta. Abro los ojos y veo a mis compañeros quejarse para luego empezar a vestir el camuflado. Bajo de mi cama- pues duermo en el segundo nivel de un camarote que comparto con Alpiste- y hace frío. Siento el aroma a mar, aquel aroma típico de La Perla.
Luego de vestirme y encerar mi espacio de la cuadra -espacio de la habitación que comparto con mis demás compañeros-, voy al control diario que hay de alumnos. Alpiste y yo conversamos sobre las tareas que no hemos hecho. Pasada la revisión, empezamos a corear los himnos de guerra que solemos cantar cuando nos dirigimos a algún lado:
"Uno, dos
Tres, cuatro
En la playa del león dormido,
hay un cadaver tendido,
es el cuerpo de un comando,
que murió por su Perú".
LLegamos a la formación del pabellón de tercero: LOS PERROS. Veo que el cielo aún no está iluminado del todo, solo estamos la séptima y octava sección. Es entonces cuando lo veo, los alumnos de cuarto, LOS CHIVOS, están pasando. Lo busco con la mirada, no está ahí. Sigo pensando cómo estarán viviendo el resto de limeños, los civiles, me pregunto si tal vez los adolescentes de mi edad también se despiertan temprano para uniformarse y adoptar el estilo de vida militar.
Otro grupo pasa frente a mí. Es la quinta sección de cuarto de secundaria. Ninguno de ellos me interesa.
Entonces, recuerdo el día que fuimos al anfiteatro del colegio y me acerqué a él. Le pedí que me comprara una bolsa de confites, le di el dinero que era necesario.
- Cuál es tu nombre, perro?
-Cadete de la octava sección, Nicolás Gastelumendi Pietro, mi aspirante.
-Así que Gastelumendi, ¿no?
Fue así como empezó nuestra relación un poco ambigua al comienzo, hasta que luego fue más que evidente. Me dijo que iba a comprarla si me sentaba con él. La idea no me disgustaba, pues el chico era atractivo. En el uniforme, solemos llevar un parche que tiene inscrito nuestro apellido. Fue así que supe que su apellido era Cruz.
Otro grupo aparece; sin embargo, no está ahí.
-Y, ¿cuántos años tienes, perro?
-13, mi aspirante.
-Deja de llamarme así, dime Cruz.
-Ok, Cruz. Pero suena mejor si le digo "Crush".
-¿Oe qué? Tampoco te hagas el vivo, huevonazo.
-Lo siento, Cruz.
-Ven acá.
Me tiró un puñete y me dijo que no vuelva a hacerle ese tipo de bromas. Ese día vimos la película "XXX" y me dijo que estaba excitado. Me preguntó si había ido alguna vez a un prostíbulo, yo respondí negativamente y me propuso ir algún día.
Otro grupo aparece y sigue sin estar ahí.
La película acabó y esa noche, cuando estaba por regresar al pabellón de los perros, se me acercó y me dijo que el próximo jueves quería sentarse una vez más conmigo. Las semanas pasaron y era ya un habito sentarme con él. Además, iba a buscarme a mi salón de clases y nos ibamos a caminar por el estadio. Hablábamos de la vida y de cosas que no entendíamos. Él era burlado por sus amigos porque su madre se acostaba con el mayor del colegio, se decía que lo hacía para no tener que pagar la mensualidad del colegio.
Otro grupo aparece frente a mí y esta vez, felizmente, lo veo. Esta vestido de verde con marrón, lleva su típica gorra a la altura de las cejas, lleva el maletín en el brazo apoyado en la cintura. Voltea y me sonríe, mientras yo siento que mi corazón late a mil por hora. Alpiste me obliga a reaccionar del trance que estoy pasando y me dice que Crush me está viendo -cosa más evidente-. Sale de su sección y se dirige hacia donde estoy yo.
-Perro, ¿te vas a sentar conmigo para desayunar?
-Claro, mi aspirante. En la mesa de siempre.
-Muy bien, Perro.
-Aspirante, usted no puede estar acá -dice mi monitor-.
-Mejor váyase, no quiero que tenga problemas con nadie.
-Me llega al pincho lo que diga tu monitor.
-Aspirante, ¿se va a ir? - agrega mi monitor-.
-Bueno, parece que lo van a amonestar. Nos vemos el sábado.
-Jajaja, Perro. Te veo luego.
Lo busco y lo encuentro en la mesa de siempre. Me había guardado sitio, porque le gusta conversar conmigo y a mí también. Le digo que quiero ir al baño y me dice que él también. Conversamos camino al baño y me tropiezo -soy medio torpe cuando estoy junto a alguien importante para mí-. Me ayuda a levantarme y de repente me da un beso. No sé si decirle que no o corresponder. Lo beso, como nunca besé a nadie. El amora de mar, sus labios y mi cuerpo se unen y guardo este momento como el más grato de mi existencia. Encontré el amor.
Chivo Crush y yo nos volvimos uno. Siento sus manos en mi cintura, me coge con fuerza y yo le correspondo el beso, mientras le cojo el cabello. Abro los ojos y el sub-oficial Del Águila está parado en la puerta. Nos llama maricones de mierda y me jala del brazo. Me envía un gole en la cara y me dice que el colegio no aguanta maricones.
El olor a mar sigue vigente. Oigo las olas del mar. Mis maletas están listas. Mi padre dijo que iré a un hospital psiquiátrico para que me curen, dice que estoy enfermo. Alpiste dice que Crush también ha hecho sus maletas, se va del país, pues su madre no quiere hacerse cargo de un chivo. Miro al mar, pensando cómo sería si los hombres pudiésemos querer a alguien de nuestro sexo sin ser agredidos. Vivo en una sociedad rara, no me comprenden. A Chivo Crush tampoco.

MALDIGO CADA RESPIRACIÓN TUYA

¿Bonito no? Bonito cuando te despiertas y sabes que hay alguien que te espera, que te piensa y que te quiere.
¿Rico no? Rico cuando sabes que alguien toca tu oreja y te dan cosquillas; rico cuando te besan en el cuello y saben que te gusta; rico cuando sabes que él sabe que te gusta.
¿Lindo no? Lindo cuando te cogen de la mano y te dicen que no les importa lo que pase en la calle, no te piensan soltar la mano; lindo cuando te dicen que eres lo más importante en su vida; lindo cuando te miran y te sonrojas al verlo.
Todo lo descrito es muy bonito; sin embargo, la perspectiva cambia cuando te das cuenta que el chico con el que sales o te acuestas, ése al que pensabas y soñabas, ése a quien le escribías y dedicabas tus primeros minutos del día, te está utilizando solo para satisfacer sus deseos sexuales, para no sentirse más solo, para dejar de sentir ese vacío en sí mismo. En un primer momento, culpamos a ése que nos ha estado engañando, a ése quien nos prometió muchas cosas y al final nunca cumplió, a ése que nuestros sueños e ilusiones truncó. Sin embargo, no analizamos que los máximos culpables de este tipo de cosas somos nosotros, los ilusos cuya verdad no quisimos ver, cuya realidad nos negamos a visualizar. Ahora puedo decirlo con claridad: SOY EL CULPABLE.
A ti que mi vida entregué, a ti que mis pensamientos brinde, a ti que mis lagrimas dí, hoy solo me queda decirte que no extraño más ni tus labios ni tu cabello ni el sexo. A ti puedo decirte que me caí pero voy a levantarme, pues sé que puedo lidiar con esto. ¿Contar a tus amigos que me grabaste teniendo sexo contigo es ser macho?¿Escribir en las paredes de los baños de Pamer que soy un maricón te hace más hombre?¿Golpearme con tus amigos en un parque te hace más hombre?¿Escupirme las zapatillas cada vez que me ves es ser más hombre? ¡Carajo, que equivocado estuve! Si ser hombre es todo eso, prefiero no tener género, pues los hombres y las mujeres tiene algo en común: la homofobia.
Mi vida está destrozada, mi alma desmoronada, mis manos rajadas, mis mejillas golpeadas, mi corazón marchito, ése es el resultado que tuviste en mí, y ¿aún te preguntas si quiero volver contigo? He decidido escaparme de casa, pues cuando en venganza de haber terminado nuestra relación, fuiste a contarle a mis padres acerca de mi homosexualidad, ellos me dejaron de pagar la academia y la alianza francesa. Ahora ando por las calles, merodeando y mendigando unos cuantos billetes a cambio de placer sexual. Ahora, gracias a tu prodigiosa intervención, tengo que brindar servicios a los policías que hacen "guardia" durante las noches por las calles miraflorinas. Hace una semana, fui a hacerme el examen de ELISA y ayer me dieron los resultados: ¡Sorpresa! Soy ceropositivo. Debo admitir que al ver los resultados no pude aguantar las lágrimas y caí al suelo sin aliento, pues jamás imaginé que esto fuera posible. Siempre pensé que las cosas malas le pasaban a los demás, esta vez me tocó a mí.
Espero haberte hecho feliz, ya que en unos días pienso acabar conmigo mismo. No soporto la idea de seguir vivo pensando que mis días están contados. Allá abajo, no podrás golpearme más con tus amigos, allá abajo me las pagarás todas. Maldigo tu respiración.

Hecho por Wayna Ankalli.

CAMBIO DE LABIOS

Levanto la mirada y sigue atenta a mi respuesta. Sus ojos, marrones intensos, no se apartan de mi frente sudosa. Bajo la mirada una vez más, me tiembla el dedo, trato de buscar una respuesta. ¿Qué está pasando conmigo? Nunca había sentido algo parecido por alguien así.

Subo la mirada una vez más y su mano ahora está en mi hombro. De alguna manera extraña, no me molesta; por el contrario, me agrada. Su corta cabellera y su rosa piel ilumbran mis ojos, mientras le digo que siento que la quiero. Aún dudo de lo que estoy haciendo, pero ella me muestra una coqueta sonrisa. Se para, abre los brazos, cierra los ojos y empieza a cantar mientras da vueltas. Quiero observarla por el resto de mis días, decirle que es la mujer más hermosa del mundo y que quiero permanecer a su lado durante el resto de mi vida. Me sigo preguntando: ¿De dónde brotan estos sentimientos?

Viene hacia mí y me dice, al oído, que quiere estar a mi lado. Le muevo el cabello del rostro, le rozo la mejilla hasta llegar a su cuello. Toco sus labios y noto que ella cierra los ojos: está esperando un beso mío. Quiero besar esos labios. Quiero besar sus labios. Quiero que diga que me quiere.

Me acerco.
Le doy un beso.
La tomo de la mano.
Le muestro el camino que debe seguir conmigo.
Ella mira.
Da el primer paso hacia una vida a mi lado.
Hasta el día de hoy, seguimos caminando.

¡DALE, ESCÚPEME BOB!

Contarle un secreto a tu mejor amigo se supone que debe ser fácil, ya que, como el mismo nombre lo dice, es "tu mejor amigo". Pero, ¿qué se necesita para ser mejor amigo de alguien? Pues, creo que cada persona tiene distintos requisitos para considerar a alguien "MA".

Bueno, pero no salgamos del tema. ¿Qué pasa cuando el secreto que debes contarle a tu MA es algo súper íntimo?¿Cuando no sabes cómo irá a reaccionar ni cuán incómodo será el momento en el que esperes una respuesta de tu supuesto MA?

Pues bien, eso me pasó el día de hoy con "Bob". Tras un agotador día de clases, decidí faltar a la última clase de Introducción a la Historia del Perú del mundo y Contemporánea, en la cual también está Bob. Conversando llegamos al acuerdo de que sería mejor que nos vayamos, ya que vivimos cerca y viajamos en el mismo bus. Al salir de la universidad, encontramos a cuatro tipos con carteles entre las manos donde aparecía la muy singular foto de Susana Villarán. Estos hombres bociferaban que estaban recolectando firmas para que la, muy flamante, señora Villarán se postulará para la Alcaldía de Lima. Esperando a que el policía de tránsito nos ceda el paso para cruzar la pista, fuimos acorralados por uno de los cuatro tipos. Este chico, que no tenía más de 27 años, empezó a informar a Bob acerca de los motivos por los cuales debería anotarse y apoyar a la Sra. Villarán. Mientras yo, al lado de Bob, escuchaba las cosas que le decía, me arriesgué y le hablé.

-¿Cuales son las propuestas de la Sra. Villarán?- le pregunté rápidamente mientras veía a Bob con cara de asustado.
-Bueno, las propuestas aún no están listas, pero tenemos muchas ideas para el bienestar limeño- me dijo un poco sorprendido porque alguien estaba interesado en lo que tenía que decir-. Por ejemplo, las obras que se vienen haciendo para el "Metropolitano"...
-Claro, es una solución temporal, ya que ello no nos librará del problema de congestión vehicular que estamos atravesando todos los limeños- interrumpí con ganas de hacerme el universitario informado-.
-Exacto, nosotros queremos proyectarnos a una solución como la que se está viendo en otras ciudades capitales, tales como Santiago en Chile, Buenos Aires en La República Argentina, todas ellas tienen un tren que mejora el transporte público. ¿Y nosotros? Solo tenemos un metropolitano- dijo orgulloso de su pequeño discurso.
-Bueno, pero... Eso es respecto del transporte público, ¿y los universitarios?¿Qué piensa hacer la Sra. Villarán por nosotros?- pregunté, una vez más, porque veía a Bob con cara de no saber qué decir-.
-Creemos que es importante que parte del presupuesto de la alcaldía de Lima sea dada a las universidades públicas- dijo, sin darse cuenta que estaba en una universidad privada-. ya que la infraestructura de estas es pésima.
-¿No te parece una buena idea que venga la Sra. Villarán a dar una conferencia o una charla en la que informe sobre sus propuestas? En la universidad hay muchas personas que están de acuerdo con las ideas de este partido; sin embargo, si no tratan de comunicarse con al población universitaria, perderán un buen sector votante- dije, tratando de convencer al tipo para que se comprometa a hacer lo posible para que la Sra. Villarán brinde charlas en algun aula del campus universitario-. Mira, yo pertenezco a un grupo universitario llamado GPUC y nos gustaría invitarla para que haga un conversatorio y podamos enterarnos acerca de sus propuestas políticas- agregué para darle una ayudadita, mientras veía la cara de Bob, un poco desconcertado por lo que acababa de decir.
-¿Me darías el correo del grupo?- me preguntó el tipo de veintisiete años que acababa de conocer-. Nos gustaría ponernos en contacto con ustedes- dijo finalmente, y Bob aún no cambiaba de cara-.

Lo que pasó después es como se lo esperan, le di el correo al tipo y luego de inscribirnos para que la Villarán postule a la alcaldía, cruzamos la pista sin mucho que decir. Ya en el paradero, Bob me miró y me preguntó en qué Gpuc estaba, si era la de los gays u otro.

-No, pertenezco al de "los gays"-le dije, mostrando poca verguenza, que en otro año hubiera sido bastante-, por qué?.
-Nada, bueno... Y qué haces ahí?- me preguntó, ingenuamente, el pobre-.
-Trabajamos por la diversidad sexual, algo que se está dejando de lado. Ahora mismo tenemos proyectos en mente, y si vas el sábado a la "Noche de gala de EE.GG.LL.", verás a qué me refiero- dije con una sonrisa pícara, como si estuviese haciendo una travesura-.
-Ah, manya. ¿Y tú eres... gay?- me preguntó y me quedé totalmente mudo; no sabía como iría a reaccionar mi pobre amigo Bob, aquel que me brindó muchas veces la mano cuando otros, simplemente, luego de patearme, me escupieron-.
-Sí, desde pequeño- le respondí con una gota de sudor fría en la cara-, y no por ser gay voy a hacer lo mismo que hizo el pata de tu hermano, sabes no?- Bob le tenía miedo a los "gays" desde que su hermano le contó que en la universidad había uno que lo seguía, hasta que ,finalmente, éste lo golpeó luego de tratar de meterse en la misma ducha que él-.
-Claro, pero que bueno que lo hayas aclarado. En fin, corre que se nos va la "daewoo"- me dijo mi querido amigo Bob.

Luego de ello, no volvió a tocar el tema, y viajamos jugando "ocho locos". El muy pendejo me ganó y, desafortunadamente, me quitó un sol del bolsillo (habíamos hecho apuesta).

Parece que todo fue felicidad y nada más, ¿verdad? Para ser sincero, la historia no acaba acá. Tres semanas después, me enteré que Bob había comentado a la gente de Pamer que yo le había declarado mi amor y que quería que fuésemos novios. Y él, tan macho como es, me respondió con un empujón y ,desde ahí, no se junta más conmigo. Qué cobarde eres Bob. ¡Y pensar que en algún momento pensé que todo sería como en una película americana!

Lo que me ha pasado no implica que todos los heterosexuales vayan a reaccionar de la misma manera, empero, es necesario tener mucho cuidado con las personas a las que les confiamos nuestros secretos- en el caso de que sea un secreto y no se haya salido del placard-, porque nunca se llega a conocer a las personas.

Felizmente, yo ya tengo un hombre que piensa en mi y a quien espero con muchas ansias.