EL CHIVO Y YO

Son las cinco de la mañana y suena la trompeta. Abro los ojos y veo a mis compañeros quejarse para luego empezar a vestir el camuflado. Bajo de mi cama- pues duermo en el segundo nivel de un camarote que comparto con Alpiste- y hace frío. Siento el aroma a mar, aquel aroma típico de La Perla.
Luego de vestirme y encerar mi espacio de la cuadra -espacio de la habitación que comparto con mis demás compañeros-, voy al control diario que hay de alumnos. Alpiste y yo conversamos sobre las tareas que no hemos hecho. Pasada la revisión, empezamos a corear los himnos de guerra que solemos cantar cuando nos dirigimos a algún lado:
"Uno, dos
Tres, cuatro
En la playa del león dormido,
hay un cadaver tendido,
es el cuerpo de un comando,
que murió por su Perú".
LLegamos a la formación del pabellón de tercero: LOS PERROS. Veo que el cielo aún no está iluminado del todo, solo estamos la séptima y octava sección. Es entonces cuando lo veo, los alumnos de cuarto, LOS CHIVOS, están pasando. Lo busco con la mirada, no está ahí. Sigo pensando cómo estarán viviendo el resto de limeños, los civiles, me pregunto si tal vez los adolescentes de mi edad también se despiertan temprano para uniformarse y adoptar el estilo de vida militar.
Otro grupo pasa frente a mí. Es la quinta sección de cuarto de secundaria. Ninguno de ellos me interesa.
Entonces, recuerdo el día que fuimos al anfiteatro del colegio y me acerqué a él. Le pedí que me comprara una bolsa de confites, le di el dinero que era necesario.
- Cuál es tu nombre, perro?
-Cadete de la octava sección, Nicolás Gastelumendi Pietro, mi aspirante.
-Así que Gastelumendi, ¿no?
Fue así como empezó nuestra relación un poco ambigua al comienzo, hasta que luego fue más que evidente. Me dijo que iba a comprarla si me sentaba con él. La idea no me disgustaba, pues el chico era atractivo. En el uniforme, solemos llevar un parche que tiene inscrito nuestro apellido. Fue así que supe que su apellido era Cruz.
Otro grupo aparece; sin embargo, no está ahí.
-Y, ¿cuántos años tienes, perro?
-13, mi aspirante.
-Deja de llamarme así, dime Cruz.
-Ok, Cruz. Pero suena mejor si le digo "Crush".
-¿Oe qué? Tampoco te hagas el vivo, huevonazo.
-Lo siento, Cruz.
-Ven acá.
Me tiró un puñete y me dijo que no vuelva a hacerle ese tipo de bromas. Ese día vimos la película "XXX" y me dijo que estaba excitado. Me preguntó si había ido alguna vez a un prostíbulo, yo respondí negativamente y me propuso ir algún día.
Otro grupo aparece y sigue sin estar ahí.
La película acabó y esa noche, cuando estaba por regresar al pabellón de los perros, se me acercó y me dijo que el próximo jueves quería sentarse una vez más conmigo. Las semanas pasaron y era ya un habito sentarme con él. Además, iba a buscarme a mi salón de clases y nos ibamos a caminar por el estadio. Hablábamos de la vida y de cosas que no entendíamos. Él era burlado por sus amigos porque su madre se acostaba con el mayor del colegio, se decía que lo hacía para no tener que pagar la mensualidad del colegio.
Otro grupo aparece frente a mí y esta vez, felizmente, lo veo. Esta vestido de verde con marrón, lleva su típica gorra a la altura de las cejas, lleva el maletín en el brazo apoyado en la cintura. Voltea y me sonríe, mientras yo siento que mi corazón late a mil por hora. Alpiste me obliga a reaccionar del trance que estoy pasando y me dice que Crush me está viendo -cosa más evidente-. Sale de su sección y se dirige hacia donde estoy yo.
-Perro, ¿te vas a sentar conmigo para desayunar?
-Claro, mi aspirante. En la mesa de siempre.
-Muy bien, Perro.
-Aspirante, usted no puede estar acá -dice mi monitor-.
-Mejor váyase, no quiero que tenga problemas con nadie.
-Me llega al pincho lo que diga tu monitor.
-Aspirante, ¿se va a ir? - agrega mi monitor-.
-Bueno, parece que lo van a amonestar. Nos vemos el sábado.
-Jajaja, Perro. Te veo luego.
Lo busco y lo encuentro en la mesa de siempre. Me había guardado sitio, porque le gusta conversar conmigo y a mí también. Le digo que quiero ir al baño y me dice que él también. Conversamos camino al baño y me tropiezo -soy medio torpe cuando estoy junto a alguien importante para mí-. Me ayuda a levantarme y de repente me da un beso. No sé si decirle que no o corresponder. Lo beso, como nunca besé a nadie. El amora de mar, sus labios y mi cuerpo se unen y guardo este momento como el más grato de mi existencia. Encontré el amor.
Chivo Crush y yo nos volvimos uno. Siento sus manos en mi cintura, me coge con fuerza y yo le correspondo el beso, mientras le cojo el cabello. Abro los ojos y el sub-oficial Del Águila está parado en la puerta. Nos llama maricones de mierda y me jala del brazo. Me envía un gole en la cara y me dice que el colegio no aguanta maricones.
El olor a mar sigue vigente. Oigo las olas del mar. Mis maletas están listas. Mi padre dijo que iré a un hospital psiquiátrico para que me curen, dice que estoy enfermo. Alpiste dice que Crush también ha hecho sus maletas, se va del país, pues su madre no quiere hacerse cargo de un chivo. Miro al mar, pensando cómo sería si los hombres pudiésemos querer a alguien de nuestro sexo sin ser agredidos. Vivo en una sociedad rara, no me comprenden. A Chivo Crush tampoco.

0 comentarios:

Publicar un comentario