Hoy llamé a una feminista perra

Hoy llamé a una feminista perra. Ayer también lo hice con otra. En realidad, siempre lo hago. A todes mis amigues les digo perras. Y no lo hago porque quiera insultarlas.
Yo no tengo una concepción heteronormada de la palabra. Para mí "perra" es una palabra que sirve para aproximarte a las personas. Así como se usa "broder" o "amiwi", yo uso el "perra". Porque en el mundo marica, nosotras nos llamamos "cabro", "maricón", "cachera", "perra". Nosotras resignficamos las palabras, restándole el sentido agresor. Las naturalizamos como en su momento lo hicieron con el "negro", "cholo". Nos apropiamos de esos insultos y las draggeamos de identidad.
Hoy llamé a una amiga feminista perra. Y se enojó. Me recordó que, hace unas semanas, ya me había pedido que deje de llamarla así. Se sintió insultada. Y reconozco la agresión. Lamento mucho ser agente de opresión. En adelante, evitaré llamarla así. Sin embargo, me resulta incómodo e injusto que se me obligue a responder por juicios etnocentristas y heteronormativos. Se me critica desde una cosmología distinta a la mía, y se me impone una concepción heterosexualizada del lenguaje. ¿No nos invita el feminismo a cuestionar esto también?
Esto me recuerda al reciente caso de las femen*. Nuestros feminismos no pueden seguir pensándose desde corporalidades biomujeres. También estamos las biohombres no heterosexuales, los y las trans, entre otres. Y cada uno de nuestras pequeñas comunidades tienen prácticas y dinámicas sociales distintas. Y debemos respetarlas así como respetamos la cosmovisión andina. Ello implica no pensar que una debe sobreponerse a otra. Al contrario, deben convivir bajo el respeto mutuo y la comprensión.
Hoy llamé a una amiga feminista perra y espero sigamos hablando. Porque creo que el feminismo, mi amiga y yo hemos aprendido algo a partir de esto: que nuestra ideología nos invita a asumir y considerar los sentires de les otres (lección aprendida). Y a reconocer la opresión cuando alguien manifiesta ese sentir. Del mismo modo, nos permite seguir cuestionando nuestras prácticas cotidianas, conocer y comprender otras realidades y el sistema que se rige en ellas.

La cocina


Entro, saco una taza y me paro a su lado.
- Hola, pá.
- Hola.
(empiezo a exprimir las naranjas)
- Dicen que te han visto en una marcha.
- ¿Quiénes dicen?
- El otro día fui a la techada de tu primo Christian. Estábamos tu tío Rolando, Gilberto, Hugo.
(mira el espejismo de la ventana)
- Dicen que te vieron con un sostén.
(respiro profundo)
- ¿Y qué les dijiste?
- Solo me reí... ¿Es cierto?
- Estaba igual que ahora. Me quité el polo y me puse sostén.
(comenzó a picar la verdura que tenía en las manos)
- ¿Por eso te fuiste a tomar desde el viernes?
- Escúchame, no puedo tener un hijo maricón.
(cojo el jugo de naranja, antes de irme)
- ¿Cuánto de plazo tengo?
- Acaba tus exámenes y vete.
"Qué sería la ficción sin su dosis de realidad".

La búsqueda


(Lo ve pasar)
- ¿A dónde vas?
- A devolvérselo.
- ¿Por qué?
- Deliro con su presencia.
- Recuerda que te hizo daño.
(baja la mirada)
- Exactamente por eso...
(desconcierto en su rostro)
- ... voy a devolverle mi corazón.
-
- ¿Sabes dónde está?
(un brazo rodea su espalda)
- Murió hace un año.

Cambio de nombre

Él me busca. Hace click, tatúa mi nombre con el teclado y, sin lupa en mano, me encuentra. Observa mis rosadas publicaciones siguiendo las huellas de mis tacos. Roza las cuentas de ustedes. Y seguro de sí mismo, pone un dedo en mi vida. Piensa que no lo veo, y no lo siento. Pero yo sí siento. Sí que siento.
Y la verdad, yo solo quiero que paren, compañerx. Que me dejen izar las alas para volar. Cruzar el tan ansiado arcoiris y llegar al paraíso queer, donde una es como se siente. Cual peluca mal puesta, abandonan las apariencias y se transforman en lo que son de verdad: mariposas que guardan un poco de cada color. Y cada color es parte de su identidad. Y eso es revolución.
En toda revolución existe un dictador. La tiranía en mi vida se apellida Limaylla. De linaje jaujino, instauraron un modus vivendi para sus viriles marrones descendencias: machos y no cabritos. Por eso, no lo veían venir. Perplejos quedaron cuando vieron mis plumas. Y amenazaron con el destierro.
¿Se imagina una vida camuflada de algo que no es?