CAMBIO DE LABIOS

Levanto la mirada y sigue atenta a mi respuesta. Sus ojos, marrones intensos, no se apartan de mi frente sudosa. Bajo la mirada una vez más, me tiembla el dedo, trato de buscar una respuesta. ¿Qué está pasando conmigo? Nunca había sentido algo parecido por alguien así.

Subo la mirada una vez más y su mano ahora está en mi hombro. De alguna manera extraña, no me molesta; por el contrario, me agrada. Su corta cabellera y su rosa piel ilumbran mis ojos, mientras le digo que siento que la quiero. Aún dudo de lo que estoy haciendo, pero ella me muestra una coqueta sonrisa. Se para, abre los brazos, cierra los ojos y empieza a cantar mientras da vueltas. Quiero observarla por el resto de mis días, decirle que es la mujer más hermosa del mundo y que quiero permanecer a su lado durante el resto de mi vida. Me sigo preguntando: ¿De dónde brotan estos sentimientos?

Viene hacia mí y me dice, al oído, que quiere estar a mi lado. Le muevo el cabello del rostro, le rozo la mejilla hasta llegar a su cuello. Toco sus labios y noto que ella cierra los ojos: está esperando un beso mío. Quiero besar esos labios. Quiero besar sus labios. Quiero que diga que me quiere.

Me acerco.
Le doy un beso.
La tomo de la mano.
Le muestro el camino que debe seguir conmigo.
Ella mira.
Da el primer paso hacia una vida a mi lado.
Hasta el día de hoy, seguimos caminando.

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